No daremos tregua: ni al machismo ni a la reacción

Cartel de la Juventud Comunista sobre la lucha de las mujeres

Las mujeres trabajadoras llevamos años alertando de la creciente violencia machista y clasista que, si bien siempre ha truncado nuestras vidas, hoy en día retuerce con más intensidad nuestro tiempo, nuestro cuerpo. Una violencia que también encarnan las instituciones del Estado.

Hoy vivimos un momento histórico de giro reaccionario en el que los escasos avances en derechos civiles y en la lucha por la igualdad de las mujeres que la socialdemocracia asumió como consecuencia de la organización feminista están siendo atacados de nuevo. Hablamos de políticas antifeministas como un eje de la reacción en el que se sitúan las demandas del movimiento feminista como ejes que resquebrajan los valores tradicionales de la sociedad. De esta forma, el sentir común de la clase trabajadora de malestar e inquietud vital ante un mundo amenazado con guerras y crisis es desviado por parte del Estado, explotadores y voceros hacia las mujeres trabajadoras.

El movimiento feminista en los últimos años ha señalado a través de la movilización cómo la reorganización de la ultraderecha se construye también sobre la negación de la diversidad de las mujeres en favor de esencializar nuestros cuerpos.

Así difunden entre nuestra clase la vuelta de las mujeres a la “esencia femenina”, a una tradición que a través del ejercicio de la libertad individual, impute los derechos políticos y civiles de las mujeres. La defensa de la esencia femenina mediante el ejercicio de la libertad individual busca minar ideológicamente las conquistas sociales y políticas de las mujeres de nuestra clase. Este esencialismo de género que constituye parte fundamental de la ideología capitalista, niega la necesidad de ejercer dichas conquistas y así deslegitimar el ejercicio de derechos político y civiles por parte de las mujeres trabajadoras.El esencialismo de género implica así formas de violencia mucho más intensas hacia las personas trans, siendo las mujeres trans la diana del odio, la violencia física y discursiva que ejerce la reacción en este contexto.

De esta forma, la reacción no solo toma un camino conservador en la posición política, sino que espolea la respuesta discursiva y la creación de nuevas formas de comunicación que perpetúan esta ideología –en la práctica ultraconservadora– bajo un supuesto halo de innovación y rebelión contra lo establecido, como una supuesta salida a la miseria que sufrimos las mujeres trabajadoras. Quizás el mejor ejemplo de esto es el fenómeno tradwife, en el que mujeres con capacidad de influencia mediática crean contenidos que realzan la hiperfeminidad (lo que puede llegar a apelar a mujeres que se vieron reflejadas en las versiones más liberales del capitalismo rosa o violeta durante el auge feminista desde la lógica del autocuidado), la realización personal y social en cumplir roles sexistas tradicionales.

Este modelo de mujer cuya esencia es eminentemente física se construye sobre la violencia:la maternidad obligatoria, cuerpos normativo o trabajo doméstico. Sobre la protección activa la familia como lugar natural, frente al espacio de violencia que supone para las jóvenes LGTBI.

Una mujer cuya esencia es eminentemente física, derivada del hecho de nacer y no de ser. Las mujeres de nuevo son usadas como campo de batalla, para defender una supuesta civilización occidental, construida sobre violencia, guerra, persecución y racismo.

Las comunistas no podemos más que mostrarnos en contra de la difusión de estos discursos, con consecuencias tan tangibles como el auge de la reacción que se expresa a través del machismo, clasismo y transfobia. Tránsfobos por su clara defensa del cuerpo como determinante de la mujer, clasistas y machistas por la negación de la realidad de las mujeres trabajadoras y su pertenencia a una clase: la clase obrera.